La atención

“Atención pido al silencio y silencio a la atención, que voy en esta ocasión, si me ayuda la memoria, a mostrarles que a mi historia le faltaba lo mejor. ” José Hernández, poeta argentino.

Cuando aprendemos enfocamos nuestro esfuerzo en una tarea para poder asimilar información. Este proceso requiere enfocar nuestros sentidos para captar la información relevante y descartar aquella que no es importante, es decir se requiere de la atención. Este proceso de atención puede ser espontáneo o voluntario. El primero es en cierta forma inconsciente, depende de circuitos de alerta subcorticales, amígdala, ganglios basales, sistema límbico y se activa por aquellos elementos del medio que sobresalen del entorno: un sonido, un color, un olor. Este tipo de atención probablemente no es exclusivo de los seres humanos y estaría conectado a procesos de alerta encargados de garantizar la supervivencia del individuo y la especie: defenderse, alimentarse, reproducirse. El segundo tipo de atención voluntario, involucra circuitos corticales y es primordial en el ser humano en los procesos de aprendizaje y para realizar tareas. Aquí empleamos todos nuestros sentidos: sistema somatosensorial, vista, audición, olfato, sistema motor, cerebelo, etc. Estos sistemas se encargan de asimilar información importante, fundamental para procesos de memoria y aprendizaje, y filtrar o bloquear información no relevante. Aquí predominan los estímulos que varían en el tiempo y que tienen características sobresalientes. Así por ejemplo el ruido de un ventilador se filtra cuando vemos en la televisión, un concierto o un partido de futbol. Si el estimulo es monótono la posibilidad de mantener la atención se reduce: por ejemplo un conferencista con tono de voz baja y sin matiz. También se ha observado que la capacidad de mantener la atención por largo tiempo es limitada; en muchos casos no es posible mantener la atención en una actividad por más de dos horas, por lo que se requieren periodos de descanso.

Atención, memoria y aprendizaje

La atención es fundamental para realizar procesos que requieren una ideación, planeación, ejecución en una secuencia: conducir, escribir, leer. De tal manera que si no podemos mantener la atención estas actividades pueden fallar.

En muchas enfermedades mentales la capacidad de atención falla y con ello la capacidad del individuo de interactuar con el medio y ser efectivo: en las esquizofrenias, las enfermedades maniaco-depresivas, las demencias la capacidad de concentrar los sentidos en una tarea, en el ambiente está alterada.

Pero en el mundo moderno la capacidad de atención también podría verse alterada con el uso de las nuevas tecnologías: computadores, internet, reproductores de audio y video, teléfonos inteligentes. Vemos como niños, adolescentes y adultos interactúan simultáneamente con uno o más aparatos mientras realizan una actividad. Los equipos modernos permiten que el estudiante, por ejemplo, mientras realice su tarea en el computador, conteste los mensajes de correo electrónico, interactué en tiempo real con familiares y amigos y escuche música. Esta sobrecarga de actividad através de multitareas reduce la capacidad de respuesta del individuo lo que puede llevar a influir negativamente en su desempeño.

Finalmente en relación a la atención, desde hace varias décadas se ha incorporado un diagnóstico controversial: el trastorno de atención e hiperactividad (ADHD, siglas en inglés). En este trastorno una alteración en la atención produce déficit en la memoria y en el aprendizaje, pero que además se ha asociado con problemas de adaptación social. La controversia radica en que el diagnóstico se hace principalmente en niños con problemas de aprendizaje y que para su tratamiento se emplean fármacos que estimulan la actividad cerebral. Estos estimulantes, relacionados con las anfetaminas, potencialmente pueden ser adictivos. La controversia además persiste porque muchos neurólogos argumentan que en el desorden de atención no hay una alteración evidente de las estructuras cerebrales. Las investigaciones están orientadas a demostrar que existen alteraciones cerebrales. Sin resultados contundentes la controversia continuará. Sin embargo es evidente que tanto niños como adultos, en el acelerado mundo, actual están sometidos a estímulos ambientales excesivos (TV, internet, juegos electrónicos, etc) y en muchos casos tienen múltiples actividades diarias: escuela, cursos, actividades deportivas, tareas de todo tipo, que podrían estar generando estrés y alterando su capacidad de atención como un primer elemento que puede afectar su desempeño escolar y profesional.

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